8 de junio de 2009

Namaste

En el aeropuerto de Bangladesh, aparte de a nuestros colegas los mosquitos, conocimos a Amelie de Canadá y a un chico de China (¡no podría repetir su nombre!).

Con ellos llegamos a Kathmandu, pero la llegada fue un poco convulsa... El chico chino trabaja en Kathmandu, así que no tuvo problemas con el tema del visado. Amelie, Asier y yo llegamos sin "calderilla": ni euros, ni dólares, ni por supuesto, rupias nepalís, y sin visado, con la intención de pagar con la tarjeta de crédito.

La cara de los empleados del aeropuerto encargados de los visados fue un poema. No credit card! ¿Entonces? Passports? Se quedaron con nuestros tres pasaportes, y a la calle a sacar dinero de un cajero. Parece una nimiedad, pero el cansancio del viaje, el aspecto "acogedor" del aeropuerto y las caras de pocos amigos de los militares que guardaban cada puerta que fuimos cruzando para salir al exterior, sumado al enjambre de taxistas, oportunistas y curiosos que literalmente nos tragó cuando nos vio salir con cara de panolis, nos puso un poco nerviosos...

Sacamos rupias nepalís bajo la atenta mirada de varias cabezas que asomaban en el cuartucho del cajero... y vuelta a entrar. Nos pedían el pasaporte en las puertas (no lo teníamos, claro), a veces pasábamos por escáneres, otras los rodeábamos, y antes de subir a por el pasaporte y el visado, cogimos la mochila facturada, que estaba tirada por el suelo, fuera de la cinta transportadora. Faltaban nuestras dos esterillas, ¡y la mochila de Amelie! Subimos con la mochila: navajas, líquidos... hasta dentro. Amelie explicando que le faltaba la mochila, y nosotros, mientras, flipando, porque al ir a pagar el visado con las rupias, nos dijeron que no cogían rupias, sólo dólares... ¿Entonces? Vais y cambiais dólares. Menos mal que ventanilla de cambio sí que había en el mismo aeropuerto. Y apareció la mochila de Amelie... Al salir de nuevo al exterior, entre los locales que volvieron a la carga, apareció el chino, al que unos compañeros de trabajo habían ido a recoger y esperó pacientemente para bajarnos al centro. ¡Qué maravilla!

Kathmandu es un auténtico caos: mucho y desordenado tráfico, polución, ruido, suciedad en las calles,... Ha crecido mucho en poco tiempo, y según los locales, no está preparada para albergar a tanta gente (millón y medio de habitantes en 2006). Tiene su encanto, sí, pero decidimos que al día siguiente nos largábamos al monte.

Erróneamente pensaba que los rostros que vería en Kathmandu serían parecidos a los tibetanos. Nada más lejos de la realidad... Parecía que estábamos en la India. La tez oscura, la colorida ropa de las mujeres, el hinduismo como religión... Pero cuando nos acercamos al Himalaya, los rasgos, costumbres y religión se tornaron tibetanos.



A por el permiso para el trekking.

Como la estancia en Nepal iba a ser más corta de lo esperado, ya no íbamos a poder hacer dos trekkings. La elección estaba entre ir al campo base del Everest, y dar la vuelta a los Annapurnas. Del primero habíamos escuchado maravillas, pero por falta de tiempo nos iba a dejar a merced de un vuelo interno, con pocas garantías de traernos de vuelta para la fecha de regreso a casa. Por esta razón, nos decantamos por los Annapurnas.

Para llegar a Besishahar, punto de inicio del trekking, salimos de Kathmandu en un autobús cuyo conductor y cobrador nos aseguraron que iba a donde queríamos... A una hora de Kathmandu, el cobrador empezó a pedir el importe del viaje y nos enteramos que no iba a Besishahar, sino a Pokhara, en valles distintos y distantes. Mientras discutíamos con el cobrador por el engaño, nuestros vecinos de asiento, se emperraban en repetir una y otra vez que para qué íbamos a Besishahar, que Pokhara era más bonito. Yo les expliqué por qué, me miraron con cara de no entender nuestro absurdo empecinamiento en ir a Besishahar y me volvieron a decir que Pokhara era muuuuuy bonito. En aquello, el autobusero hizo una parada para mear, y entre la gente que bajó del bus, se bajó Asier. Al cabo de un rato vino y me dijo: he encontrado una minivan que nos lleva a Besishahar, baja. No nos dejaban bajar, el autobús arrancó y empezó a andar... Nos bajamos en marcha y, finalmente, hicimos el transbordo.

Tanto autobuses, como camiones o coches conducen como locos, realizan adelantamientos suicidas y van demasiado rápido para lo mala que es la carretera. Llegamos sanos y salvos, a pesar de las innumerables ocasiones en las que a punto estuvimos de chocarnos, despeñarnos o ambas cosas.

Besishahar (820 m) es un pueblo bastante grande. Consta de una calle principal donde han proliferado pequeñas tienduchas donde aprovisionarse, y hoteles. El aprovisionamiento no es un problema en este trekking.



En busca de agua y algo energético y comestible por la calle principal de Besishahar.

Iniciamos la vuelta a los Annapurnas (una "u" alrededor de este macizo) con la duda sobre el estado del paso Thorong La a 5416m (punto más elevado de la travesía). En caso de estar cerrado por nieve o encontrarnos mal por la altura hubiéramos tenido que volver sobre nuestros pasos y regresar a Besishahar en lugar de terminar en Nayapul. Subimos despacio, sin intención de "ganar tiempo" en el ascenso al Thorong La. Acostumbrando a nuestro cuerpo a la altura y al frío. Es un camino cómodo que va ganando altura progresivamente, lo que permite una buena aclimatación. A pesar de no ser temporada alta (es en octubre), encontramos más "andarines", que para nuestra sorpresa, no teniendo experiencia en montaña, planificaban sus etapas sobre mapas con una alegría y ligereza, que a más altura les acabó pasando factura. Más de uno tuvo que darse la vuelta y otros pasaron un calvario...

Los alrededores de Besishahar, nos sorprendieron por su falta de bosques, lo que nos hizo darnos cuenta del gran problema de deforestación y consiguiente erosión y degradación de ecosistemas que padecen.



No conté el número de puentes que cruzamos... pero muchos.



Compartimos camino con animales domésticos: búfalos de agua, yaks, vacas, caballos, mulas, burros, ovejas y cabras.





"Hombres-mula".



Mujeres trabajando duramente.



Laderas aterrazadas.



Escolares uniformados... lazos rojos.





Animales.



Plantas.



Bhulbhule, pequeño pueblito en el camino hacia Bahundanda (1310 m) (primer día).



Mocos, pies descalzos... mirada curiosa.



Poniendo dinamita, como antaño, para liberar el camino... ¡a fuerza de barrena!



Nos asomamos por la puerta... y aparece Tal (1700 m) (segundo día).



El incienso de los pobres.



La "Gran Vía" de Tal.







Molinos de oración... cómodas plegarias (Danaqyu (2200 m), tercer día).



Om mani padme hum (mantra budista escrito en tibetano).



Bajo la estupa de Chame (2710 m) (cuarto día).



Vista del Annapurna II (7937 m) desde Urgen Thekcho gompa, de nueva construcción, en Upper Pisang (3310 m) (quinto día).



Agua ozonizada vs agua embotellada. Un granito de arena por el medio ambiente.



Gigantes de 7000 m vigilan nuestros pasos hacia Ghyaru.



Banderas de oración sobre Ghyaru.



Parecen tan cercanas las cimas...



Atardecer sobre el final del Marsyangdi Valley desde Manang (3540 m) (sexto día).



Parece decir Por favor! Por favor!! Por favor!!!, pero no os dejéis engañar, que hay multa de por medio en caso de hacer como que no lo has visto o entendido.

Allí en Manang, aprovechamos para comprar manoplas, gorros y forros polares, para no sufrir demasiado en el Thorong La. Bastante frío llevábamos acumulado en el cuerpo... Lo peor era la sensación de vivir permanentemente con frío: nos levantábamos con frío, sólo calentábamos el cuerpo durante la caminata diaria (a más altura ni siquiera caminando nos templábamos) y lo peor era el momento de la cena y la hora de acostarse.

Algunos días pudimos ducharnos, pero que llegara el agua caliente era un milagro. Un día tuvimos suerte y nos calentaron una palangana de agua. Era pequeñísima, y encima entendí que era para los dos, así que me lavé con la mitad del agua... ¡es increible la poca agua que es realmente necesaria para la higiene diaria! Otros días ni siquiera teníamos la posibilidad de ducharnos, directamente no había ducha. No nos preocupaba demasiado, porque como bien le dijo alguien a Asier, nadie ha muerto todavía por no ducharse y sí por resfriarse. De cualquier manera, creo que es todo un lujo encontrar cama, comida y no digamos ducha, por el camino.



Pico Gangapurna (7454 m), glaciar y lago proglaciar del mismo nombre desde Praken gompa (3950 m) (séptimo día).



Dejando atrás el valle del río Marsyangdi camino a Letdar (4200 m) (octavo día).



Un terrible estruendo nos hace levantar la vista...



Zona de desprendimientos en el propio camino. El paisaje cada vez es más árido.



Aclimatando entre Thorong Phedi y Thorong La.



Esperando a la cena en Thorong Phedi (4450 m) (noveno día).



Mal agudo de montaña. Esta vez no...



Subiendo hacia el Thorong La: el paso despejado, el cuerpo bien, el cielo de un azul cegador, mucho viento y frío...



En el colladoThorong La (5416 m), el frío inutilizó las baterías de las cámaras (tres fotos pude echar con la mía).



Contentos de poder disfrutar en la subida y bajada del paso.



El frío nos impide despojarnos aún de la ropa.



Llegando a Muktinath (3800 m), después de una dura jornada (décimo día).





Las banderas de oración agradecen por nosotros el buen fin de la etapa. Al fondo el Dhaulagiri (8167 m).





Templo perteneciente al santuario de Muktinath.

El santuario de Muktinath es lugar de encuentro de hinduistas (80,6% de la población nepalí en 2001) y budistas (10,7%). Es uno de los centros de peregrinación hindú más importantes del país. Por los destartalados caminos nos cruzamos con puñados de monjes budistas, llamativos sadhus (ascetas hindúes) y fervorosos creyentes.





Muktinath.



Jharkot.













Kagbeni (2800 m), en el límite sur del área restringida del Alto Mustang (undécimo día).





Fértiles tierras de labranza en la propia llanura de inundación del río Kali Gandaki.



Hasta este pueblo llegan los jeeps... se nota.

El valle del Marsyangdi es silencioso y bucólico, por ahora..., ya que están tratando de construir una carretera que llegue a Manang, por laderas con unas pendientes vertiginosas que se derrumban cada monzón.

El valle del Kali Gandaki, sin embargo, es un contínuo trajín de motos, coches en precario estado, todoterrenos, camiones y autobuses, que se desplazan inclinándose peligrosamente sobre los barrancos. Mejora en las comunicaciones por tierra, transporte de "comodidades" (¿necesidades?) para la vida diaria... vs ruido, polvo...



Parece que por aquí no se comen a los gatos.



Desayunando en Kagbeni.



Aprovechamiento de la energía solar para calentar agua.



Dejamos atrás Kagbeni...



Y nos dirigimos río abajo por el Valle del Kali Gandaki.



El Nilgiri (North) (7061 m).



Infinitos ríos vierten sus aguas en el Kali Gandaki.



Piedras talladas con el famoso mantra.



¿San Gorka?



El Kali Gandaki, además de ser el valle más profundo de la Tierra, con diferencias altitudinales de más de 6000 m, seguro que es el más polvoriento.



Los ojos de Buda.



Preciosas callejuelas encaladas en Marpha (2670 m) (duodécimo día).



El futuro de Nepal...

¿De qué hablarán? Seguro que no de la serie de televisión de moda, la colección de cromos, la super nintendo o el próximo destino vacacional.



Aumenta el tamaño del motivo religioso, como lo hacen las ermitas hasta convertirse en catedrales. ¿Directa o inversamente proporcional a la fe?



Los perros del Kali Gandaki durante el día duermen y durante la noche son lo más pesado que ha parido madre... ¡no hacen más que ladrar!

Nepal se encuentra entre los países más pobres y menos desarrollados del mundo, con aproximadamente la mitad de su población viviendo por debajo de la línea de indigencia. El aislamiento geográfico y la inestabilidad política explican gran parte de la mala situación económica del país.



Ellas no entienden esas cosas... así que juegan...



El cartero... en plena forma.





Grandes remolinos y ráfagas cargadas de polvo barren constantemente el fondo del valle. Camino a Ghasa (2010 m) (decimotercer día).



De nuevo aparece el color...





Celebración del Happy Holi o Festival de los Colores en Tatopani (1200 m). Pensaba que nos íbamos a librar... pero nos pusieron perdidos (decimocuarto día).



"Vestuario" en las termas de Tatopani.



Parecido al billar, pero con chapas. Muy habitual en los pueblos.



¡Fue peor que la bajada al río Colorado! Teníamos polvo en el pelo, en los ojos, en la boca... realmente, por todo el cuerpo.



Pintadas maoístas de camino a Beni (830 m) (decimoquinto día).

Finalizamos el trekking en Beni y no en Nayapul, como habíamos pensado en un principio, porque a Asier le sentó algo mal y se encontraba fatal... vomitando...



"Deporte" de alto riesgo.



Toda la basura de Beni va a parar junto al río. En la época del monzón no me quiero ni imaginar cómo irá el río de basura.





No me olvidaré de Surendra y Aruna... ¡Qué tabarra nos dieron su familia y amigos, en plena noche y al amanecer, tocando unos cuernos que sonaban a rayos!



Andamios de bambú.

Dormimos una noche en Beni y cogimos un autobús a Pokhara.



De camino tuvimos un reventón en una de las ruedas traseras, ¡menos mal que llevaba doble rueda!

Las carreteras son un horror, incluso las principales, destartaladas y polvorientas. En un recorrido de 73 km llegamos a tardar 4 horas.

Finalmente, llegamos a Pokhara, tercera ciudad del país tras Kathmandu y Biratnagar. Tiene 200.000 habitantes. Caminamos por el lago Phewa y alrededores, donde proliferan tiendas que venden material de montaña, artesanía y otros recuerdos. Un tanto estresante, tras la calma de los días anteriores.

No tuvimos suerte con las vistas... desde Pokhara se pueden ver el Dhaulagiri, Annapurna y Manaslu. En lugar de estos tres gigantes de 8000 metros, sólo pudimos ver una neblina que envolvía la ciudad y fundía cielo y "tierra" en el lago...







Lago Phewa en Pokhara.

De Pokhara volvimos a Kathmandu. Decidimos conocer parte de la montaña nepalí con calma, así que no dejamos mucho tiempo para visitar sus ciudades...

Namaste! (hola y adios). Pero volveremos, de eso estamos seguros.

La vuelta se hizo larga. Kathmandu - Delhi - Dubai - London - Bilbao. ¿Las sensaciones? Temprana nostalgia por abandonar la vida nómada y ganas de caras y abrazos amigos.

Ha sido estupendo compartir con vosotros nuestro viaje. Lo que habéis podido ver a través de las fotografías es parte de lo que hemos vivido, en aquellos lugares y en aquellos instantes. Vuestras percepciones y vivencias habrían sido distintas... pero siempre enriquecedoras para el que las vive y para el que las lee o escucha.

No me despido del viaje... porque el viaje no ha terminado... Es mi forma de ir por la vida, y espero que sea largo, ji, ji... Os seguiré mostrando retazos de vida... enmarcados por mis ojos... expresados con el corazón...

¡Hasta siempre!

Páginas en blanco

La vida es cuento, ¿eh, Alberto?. Sería un tomo demasiado grueso, en la mayoría de los casos... Así que, vivimos por fascículos, que a veces encuadernamos y otras, simplemente, apilamos desordenadamente en nuestros estantes mentales... Cerré el último, con las páginas finales en blanco... y a guardar. Empecé a recopilar imágenes, sensaciones de más vida en otro tomo... pero he vuelto atrás...

Algunos todavía pensáis que seguimos viajando... y es así, pero desde casa... Volvimos el 16 de marzo, como estaba previsto, y después vino la Ruta del Cid en bicicleta, Pirineos en esquís, la Toscana... Nada de tranquilas transiciones...

Pero volvamos a Singapur. Estuvimos cuatro días en esta isla-ciudad-estado del sudeste asiático. Es el país con mayor densidad de población del mundo después de Mónaco. Y además, tiene una gran riqueza multiétnica: chinos, malayos, indios, indonesios...

¿Qué se nos había perdido en Singapur? Nada. En 2006 estuve en Hong Kong y me impresionó... y eso que yo no soy mucho de ciudades... Una ciudad vertical, con enormes edificios, muchas luces, 24 horas on, moderna, futurista y asiática... interesante. Pensaba que Singapur sería parecida. Una gran urbe, oriental... La gente a la que pregunté durante el viaje, me decía: parecida, sí, pero muuuuucho más limpia.

Llegamos a Singapur y yo miraba todas las esquinas, esperando verme reflejada en el asfalto, o algo así... La verdad es que no encontré diferencia con el resto de grandes urbes por las que hemos pasado en este viaje. Quizá se refirieran a ciudades asiáticas... pero no recuerdo que Hong Kong estuviera sucia...

En sánscrito singha significa león, y pura, ciudad, por lo que Singapur se traduce por ciudad de los leones.



El león, símbolo de la ciudad.

Singapur, al parecer, "le debe" su ser a un tal Sir Thomas Stamford Raffles, que transformó lo que era una "porquería" de pueblito de pescadores, en el importante puerto marítimo y moderna metrópoli que hoy en día es.







Desde el avión nos pareció la romería del Carmen, pero luego nos dimos cuenta que se trataba de cargueros. Eso sí, las palomas no respetan demasiado al Sr. Raffles.

Nos alojamos en un albergue en el barrio que llaman "pequeña India" (little India). Algunos barrios son como pedacitos de otros paises...



Desde el albergue en "little India".



Parecía la salida de un cross...



Pero se trataba del fervor de miles de budistas, prestos a llevar sus ofrendas.







Recibiéndonos así... no me extrañó que este otro templo estuviera vacío.







En el barrio musulmán... bullicio y sensualidad arquitectónica de día y al anochecer...



Existe una mezcla de lo antiguo (Teatro Victoria, de estilo colonial)...



Y lo moderno.



Pequeños edificios embutidos en calles estrechas rivalizan con las altas torres del centro financiero.



El río Singapur refresca la ciudad.



De lejos parece gris...









Pero abunda el color.



Algunos, toman precauciones a la hora de prender sus ofrendas.



Otros, muestran con todo lujo de detalles su especialidad médica (las hemorroides).

El ser humano siempre buscando lo más de lo más...



La noria más alta del mundo (165 m), la Singapore Flyer.



La fuente más grande del mundo (1683 m cuadrados de base), la Fuente de la Abundancia.

Y alrededor de la fuente, los doce animales del zodiaco chino, que según el año de nacimiento nos asocia un animal.



Y resulta que yo soy tigre...



Y Asier dragón. ¡Ji, ji... como la peli!

Tras unos días tranquilos en Singapur, fuimos al aeropuerto para dirigirnos hacia Nepal, vía Bangladesh... Fue en el tránsito donde pudimos "disfrutar" de la compañía de hambrientos mosquitos, que durante la larga estancia en el aeropuerto de Dhaka (Bangladesh), prolongada por un gran retraso en el vuelo a Kathmandu (Nepal), hicieron migas con nosotros, hasta el punto de venirse en el vuelo. O eso, o algunos de sus congéneres montan guardia en el avión...



El avión tampoco ofrecía muchas garantías... y ésto en tierra.

Finalmente, despegamos, y el vuelo llegó sin contratiempos a Kathmandu.

21 de febrero de 2009

Fuego en los ojos

No me refiero a pasión en la mirada, sino a aire caliente que abrasa los ojos. Lo comprobamos en el Outback, que es como llaman los australianos a todo lo que está en el interior, lejos de la costa, lejos de la mayoría de la población y lejos de la mayoría de turistas, al menos en temporada baja, que es justo en verano, cuando hemos estado nosotros.

Australia es enorme. No hace falta más que mirar un mapamundi y hacer las pertinentes comparaciones.

Abandonamos la costa, y decir que nos aferramos a la Stuart Hwy, que une Port Augusta con Alice Springs, en el centro geográfico de Australia (y sigue hasta Darwin, al norte), como si fuera nuestro cordón umbilical, parece exagerado... Pero cuando el aire te quema los ojos, el agua potable se te calienta a 43ºC, la temperatura a la sombra es de 45ºC, al sol entre 50 y 55ºC, no baja de 38ºC en toda la noche, y además, la carretera parece convertirse en río en la lejanía... te da qué pensar...



Anochecer en el Outback.



Amanecer, tras una noche a punto de licuarnos.

Llegamos a Coober Peddy, conocido por sus minas de ópalo, y tras trastear un poco en la superficie, buscamos un lugar para dormir bajo tierra. Hay que decir, que la mitad de la población, vive bajo tierra en antiguas minas o en el interior de colinas excavadas, donde la temperatura se mantiene a 23-25ºC.



Camión utilizado en la extracción de ópalo.



Minas de ópalo.



Parece que algún turista ya se ha roto la crisma...





Iglesia Serbia Ortodoxa (subterránea).



Restos del decorado de alguna película.

Por esta zona se han grabado películas como Mad Max y Priscilla, reina del desierto.



30 litros de agua por 20 céntimos de dolar australiano (unos 10 céntimos de €).

Lo más lógico es pensar que donde algo no abunda, se encarece... En Coober Peddy, donde las temperaturas suelen alcanzar los 50ºC en verano, es cuestión de supervivencia, y con ésto no se mercadea...



Interior del albergue, excavado en la roca.



Molino utilizado para extraer agua del subsuelo.



Atardecer en Coober Peddy.

Seguimos hacia el norte, y pocos kilómetros más allá de Coober Peddy cruzamos la Dog Fence. Esta valla, de 5320 km de largo, separa el territorio de las ovejas, al sur de Australia, del de los perros asilvestrados y dingos (perro nativo australiano).



Dog Fence.



Nos sorprendió ver loros en el desierto.



Un buen sitio para pasar la noche.

Según nos adentrábamos en el corazón de Australia, aparecían salinas donde en el mapa nos marcaba lagos, los camiones eran más grandes (algunos de hasta 3 y 4 remolques), las moscas eran más pesadas, la vegetación más escasa, y la tierra más roja.



Bandera aborigen sobre la silueta del continente australiano.

En la bandera aborigen, la franja roja inferior representa, precisamente, el color de la tierra, la franja negra superior, el color de su piel y el círculo amarillo en el centro, el sol.



Dunas de arena roja, al fondo un "lago".



Road train (tren de carretera).



Aguanté con la red puesta una tarde.

Por fin, nos desviamos de la Stuart Hwy para coger la Lasseter y dirigirnos al Parque Nacional de Uluru/Kata Tjuta (Ayers Rock/The Olgas).



Primera visión de Uluru.



Primer intento de hacer las paces con las moscas.

Uluru es uno de los mayores monolitos del mundo. Es realmente impresionante, no sólo por su tamaño, también por los colores que va adquiriendo conforme avanza el día. Una incongruencia: legalmente se puede subir, mientras no se indique lo contrario por excesivo calor, viento, lluvia o por algún tipo de celebración de los Anangu, guardianes de la roca. Pero ellos te piden, por favor, que no lo hagas, en el centro cultural y el centro de visitantes, los rangers te recomiendan que no lo hagas. ¿Por qué no lo prohiben? Según nos dijeron, el Gobierno es el que da las subvenciones, si se prohibe subir, dicen que vendrá menos gente y el gobierno cortará el grifo...



Vía de subida a Uluru.



Cerrado por temporada estival.







Lo que sí hicimos fue dar una vuelta alrededor...





Disfrutar del atardecer...



Del amanecer...



Del arte de sus paredes...

Alrededor de Uluru, existen lugares de culto, sagrados para los Anangu. Algunos para las mujeres, y otros para los hombres. No se puede caminar por ellos (ésto sí que está prohibidísimo), ni fotografiarlos. No se nos ocurrió fotografiar más que el cartel de prohibición, pero tiene tela...



Desgraciadas coincidencias lingüísticas.

Mala Puta, Lugar Sagrado de las Mujeres Anangu (en lengua aborigen, Mala es un tipo de marsupial y Puta es el marsupio o bolsa donde lleva a la cría, en la roca se ve una enorme cavidad a modo de bolsa).

Después fuimos a Kata Tjuta o The Olgas, también sagrado para los Anangu, a caminar por el Valle del Viento y por la Garganta Walpa.















Caminando por Las Olgas. Nos acordamos de ti, Kiski, cómo no. Un abrazo.



En los baños, información de cómo tratar una mordedura de serpiente. Además, de las venenosísimas, qué mal rollo...



Sólo vimos un lagarto enorme...



huellas de dromedarios salvajes...



y miles de moscas.

Según la "teoría" de Asier, a más gente, menos moscas por cabeza. Así, cuando había alguien cerca, encantado. Resultó que no se cumplía, a cada uno le tocaba suficiente ración de moscas como para desesperarlo...



Último vistazo.



Parecía que Uluru estaba sólo, pero tenía a Olga "al lado".

Antes de marchar para Alice Springs, fuimos al Parque Nacional de Watarrka o Kings Canyon.



Nos recibieron así.



Pero no tenía un aspecto tan fiero. El pobre dinguito parecía el perro famélico de Lucky Luke.



Calor y más calor.



El primer sombrero que le queda grande a Asier, ji, ji...









Atardecer en el cañón.



Subiendo a los bordes del cañón.





Asier hizo un amigo...



y yo otro.







Desde el borde del cañón bajamos al Jardín del Edén.



Donde encontramos agua y vegetación, reducto de épocas pasadas más húmedas.



Tanto peligro de incendios, ¡y ponen barbacoas de gas gratis en medio del bosque!...



Un campeón. Tomad nota, bicicleteros...

Llegamos a Alice Springs sin percances, y dejamos la furgo para coger el tren...



Dando botes de alegría, no por terminar, ni por dejar la furgo, sino simplemente por estar allí dando botes, ji, ji...



La próxima en éste.



Alice Springs.

Alice tiene una población de alrededor de 26500 habitantes. Cuando estaban construyendo la línea de telégrafo, a finales del siglo XIX, que conectaría Adelaide en el sur, con Darwin en el norte de Australia, la avanzadilla enviada a buscar un lugar adecuado para instalar la estación, encontró lo que en aquel momento creyó era un manantial, y le dió el nombre de la mujer del jefe, Alice. En realidad no era más que el Río Todd, que en aquel momento llevaba mucha agua y se acumulaba en una especie de pozo.



Antigua estación de telégrafo de Alice.



El supuesto manantial (Río Todd).





En Anzac Hill (Alice Springs).



Los lagartos más curiosos que hemos visto.

Parecen pequeños monstruitos, pero sólo comen hormigas...

Llegó el día de abandonar el centro, caluroso y seco, por el norte, caluroso y muy húmedo...





El famoso The Ghan.

Antes del tren, dromedarios afghanos hacían la misma ruta, tirando de vagones.

El tren tarda un día en cubrir la distancia entre Alice Springs y Darwin. Pero en Katherine, un pueblito anterior a Darwin, estuvimos parados 4 horas, y aprovechamos para conocerlo.

Caminando a lo largo del Río Katherine, crecidísimo en la época de lluvias, nos encontramos a una pareja pescando. Les dije que era un paraje precioso y ella me hizo un significativo gesto con las manos, indicando que estaba lleno de cocodrilos... ¡Vaya! No pensaba bañarme, pero instintivamente di un paso atrás... estaba en la misma orilla, agachada sacando fotos...





Río Katherine.

El paisaje fue cambiando progresivamente, hasta llegar a cerrados bosques, con enormes termiteros... y lluvia. Gran contraste, teniendo en cuenta que pasamos por un pueblo, Curtis Springs, en el que en noviembre de 2008 llovió por primera vez en ¡7 años!.





Cientos de murciélagos gigantes en un parquecito de Katherine.



Termitero.

Darwin nos recibió diluviando. Nos dió alguna tregua, para dar una vueltilla, pero la ciudad no tiene gran cosa... Al parecer, hay unos Parques Nacionales espectaculares bastante cerca, pero ya nos marchábamos...

Hace dos días llegamos a Singapur. Es curiosa la variedad de rasgos en las caras que nos cruzamos, las vestimentas, los olores en los mercados, los enormes edificios que contrastan con templos de distinto credo y pequeñas callejuelas estrechas...

Un par de días más y estaremos en Nepal... Pero todo ésto os lo contaremos a la vuelta, desde casa. Volvemos el día 16 de marzo, si todo va bien y no nos perdemos por el Himalaya...

¡Besos y abrazos a repartir!

Terra Australis Incognita

Un milenio y varios siglos más tarde de que el geógrafo greco-egipcio Ptolomeo, en el s. II d. C., hablara de la existencia de unas tierras al sur, ha ido recibiendo distintos nombres según la procedencia de los pies que la han hollado en diferentes incursiones a lo largo de la historia. Cuando la pisamos nosotros ya tenía nombre, Australia, y no nos dejaron cambiarlo...

Nuestra toma de contacto con esta isla-continente fue en Sydney, y la semana de planificación se nos quedó corta. Muchas cosas por preparar y una ciudad grande, de alrededor de 4 millones de habitantes, muy interesante para conocer.

Después del tiempo enclenque de Nueva Zelanda, el cielo casi siempre sin resto de nubes de Australia, nos arrastraba al exterior sin posibilidad de resistencia.

Fue una maravilla poder bañarse en las playas de la propia Sydney, que cuenta con 70 en su área metropolitana.







Bondi Beach.















Pequeñas casas jalonan la costa.

Da gusto no encontrar mole-hoteles cerniéndose sobre la cabeza de uno mientras se seca al sol tras un estupendo baño.




















Bastante tienen entre olas y tiburones... (¡No sabíamos que hubieras cambiado de curro, Larri! Un musu).

En las fechas que estuvimos en Sydney, había habido cuatro ataques recientes de tiburones a bañistas. Ninguno mortal. Un hombre japonés, en la parada del bus para ir a la playa nos lo contó, y luego, muy salao él, nos hizo el chiste: One bite, one leg... two bites, two legs... four bites, finish! (Un mordisco, una pierna... dos mordiscos, dos piernas... cuatro mordiscos, ¡se acabó!). Se moría de risa... y nosotros de camino a una playa australiana por primera vez...

En Sydney dormimos en un albergue que está habilitado en antiguos vagones de tren. Curioso y cómodo.















Railway Square YHA.















Las "palomas" de Sydney son un poco más grandes que las de casa.















Al fondo el Harbour Bridge y la Opera House.















¡Qué salada la cacatúa...! ¡Pero cómo tiraba de la cincha de la cámara de fotos, la condenada!















La gente guapa de Sydney se divierte junto a la Opera House.















Opera House.















Doble protección contra canguros.

Primera barrera protectora: oso asustacanguros. Segunda barrera: si no funciona la primera, se llevan por delante al cangurito con el pedazo parachoques, y asunto "arreglao".

Nosotros no conseguimos un bólido tan armado, así que no nos ha quedado otra que no conducir entre el anochecer y el amanecer, que es cuando se despierta el bosque y empiezan a pulular todos los animalitos.

Nuestra furgo debía llevar escrito algo muy gracioso, pero como no lo entendíamos, cuando la gente se reía y paraba a sacarle fotos... pues nosotros también nos reíamos, y todos tan contentos. Parece que era alguna historia entre neozelandeses y australianos... Además, debe haber algún vídeo en You Tube.











































Decía así...

Si el plan inicial fue ir hacia el norte por la costa este, las palabras de Rob de Canberra, otro enganchado a la montaña, y las charlas con Flavio de Argentina, nos hicieron cambiar de opinión y tiramos en dirección contraria, hacia el sur, buscando, cómo no, monte, playas, animalitos...

Nos dirigimos a las Blue Mountains, que deben su nombre al color azulado que adquieren, vistas desde la lejanía, debido al efecto de los rayos ultravioletas sobre partículas en suspensión en la atmósfera. Estas partículas provienen de los aceites que emanan de los eucaliptos.















Las Tres Hermanas desde Echo Point




















Atardecer en las Blue Mountains.















Atravesando el bosque de eucaliptos...















y helechos arbóreos.















Los montes son completamente planos...















y hay numerosas cascadas.



Una trepadita.



Blue Mountains N.P.

Hicimos varios recorridos por este Parque. Lo que nos resultó más espectacular fue asomarnos, desde acantilados y miradores, sobre el bosque de eucaliptos, que se extiende como un inmenso tapiz verde.



Pulpit Rock.



A vista de pájaro...



y de lagarto.



En el fondo del Grand Canyon (uno de ellos, como hay tantos Grand Canyon por el mundo...).

Durmiendo en la furgo casi todos los días, "de vez en cuando" teníamos que darnos una vueltilla por alguna piscina para refrescarnos, entre otras cosas. Tranquilos, que nos dábamos una pasadita en la ducha antes de entrar a la piscina, no os creáis que somos tan guarros.



Monitora de natación de incógnito.

La verdad es que, aun sabiendo que hay un elevadísimo índice de cáncer de piel entre la población australiana, llama la atención ver cómo críos y no tan críos se bañan con camisetas o licras en el mar y piscina. Los currelas llevan gorro de ala ancha y gafas (aparte de la red para las moscas en la cabeza). Y ya véis de que guisa se meten los monitores en la piscina. Lo que no véis en la foto, es que la piscina de los niños está cubierta por una especie de toldo...



Casta con su "mula".

Eran dos alemanes. Con moto, carro, mil trastos, un perrito en esa bolsa azul y negra... y el otro llevaba una pedazo esponja terrible como la que me ponía yo para remar, bajo el culo.

Salimos de Blue Mountains y nos dirigimos a Canberra, capital del "reino", con curiosidad pero con miedo a que la ciudad nos tragara con furgo y todo. Así que buscamos un lugar tranquilo donde dejar la furgo, y dimos una vueltita.



Interior del nuevo edificio del Parlamento.



Cúpula del Nuevo Parlamento.



En el Commonwealth Park.



Old Parliament House (edificio blanco, 1927-1988, ¡era provisional...) y Parliament House (con cúpula, 9 de mayo de 1988) desde el Australian War Memorial.

Abandonamos Canberra para dirigirnos al Kosciuszko N.P. en los Alpes Australianos.



Asier, haciendo la "metralleta" con la cámara de fotos desde el coche.



Preciosos paisajes camino de Kosciuszko N.P.



Hacia Mt Kosciuszko desde Charlotte Pass.

Si no fuera por los eucaliptos, de lejos hubiéramos dicho que estamos en la Sierra de Andia o Urbasa...





...pero en Kosciuszko abunda el granito.



En la cima del Mt Kosciuszko (2228 m), techo australiano.



Flores de montaña... sencillas y bellas.



En la cima del Mt Townsend (2209 m).



Mt Kosciuszko desde el Mt Townsend.



El Lake Albina... para los gasteiztarras, con cariño.



Vistas desde el Carruthers Peak (2140 m).



Snow Gum, una especie de eucalipto.

Tras la caminata...



Un bañito...



y a zampar.



Al atardecer aparecen los sinverguencillas de ellos.



Los embalses y lagos a veces son raquíticos o inexistentes.

De camino al Parque Nacional de Wilson's Promontory pasamos por el Alpine N.P., tambien en los Alpes Australianos.





Vistas desde el mirador de Danny, que no está en Gasteiz. Un abrazo, Dani.



Con los morros en la flor de eucalipto.

Entrando en el Parque de Wilson's Promontory...



Los koalas ni los olimos...



El mejor limpiacristales.

Cruzando el bosque de Lilly Pilly Gully, pudimos acceder además, a la cima del Mt Bishop.



Algunos sí que crecen...



Nos cruzamos en el camino... hola y agur nada más...



Desde la cima del Mt Bishop (319 m).



Abajo Squeaky Beach.



El río Tidal da nombre al centro neurálgico del Parque (Tidal River). Al fondo el Mt Oberon (558 m).



Tiene un curioso color marronáceo.



Y desemboca en Norman Beach.



Arena dorada, aguas cristalinas, buena temperatura... ¡y unos tábanos más grandes que el de la foto!















"Pinturas rupestres" en Whisky Beach.

Ahora os voy a presentar a dos individuos que conocí en Picnic Beach: el "topolillo" (topo-caracolillo) y el "albondiguilla" (había llenado, junto con sus colegas, toda la playa de pelotillas)...









El "topolillo".







El "albondiguilla".



Atardecer en Picnic Beach.



Caminamos sobre nuestro reflejo... más tarde sobre las estrellas, ¿o era su reflejo?



El tranquilo Wombat campando a sus anchas...



Color e infinidad de voces distintas en los bosques.



La arena de Squeaky es blanquísima.

Como su propio nombre indica (squeaky=chasqueante), al caminar sobre la arena sonaba: cuiki, cuiki, cuiki... Vamos, chasqueaba en inglés...

¡Una maravilla, Wilson's Promontory N.P.! Aun así, seguimos adelante.

Siguiendo por la costa, entre Melbourne y Adelaide, está la Great Ocean Road. Es un recorrido por la carretera costera, con preciosas playas bajo imponentes acantilados, enormes rocas desgajadas de la costa y bellísimos atardeceres.





A ambos lados del Point Addis.



Faro de Splint Point.

Me imagino que os habréis enterado de los incendios e inundaciones que ha habido en Australia... En nuestras casas preocupados, y nosotros ni enterarnos.



Prohibición total de hacer cualquier tipo de fuego.

Estuvimos un montón de días sin poder utilizar el hornillo... Parece que las prohibiciones no fueron suficientes para evitar el fuego.



Recordatorio.





Los Doce Apóstoles al atardecer...





y a la mañana.



Caminando por la playa cercana a Los Doce Apóstoles...



¡Caracoles!





¡Un pingüino! ¿No querías más pingüinos, Esti?

Nos alejamos de la costa antes de llegar a Adelaide, para dirigirnos hacia The Grampians N.P.



Un calor que te torras y éstas con abrigo.



Señal que andabamos conduciendo un poco tarde...



Tenía su gracia el invento.



Vistas desde el Mt William (1167 m).



Grandes espacios.



Desde the Pinnacle.



The Pinnacle.



El Grand Canyon de The Grampians.



The Balconies.



Ngamadjidj Shelter ("Persona blanca", aboriginal art).



Gulgurn Manja Shelter ("Manos de Gente Joven", aboriginal art).



¡Pedazo hormiguero!

Saliendo de The Grampians N.P., camino de Adelaide, paramos en el pueblito de Bordertown, sin saber que es famoso porque entre los canguros que rondan por allá, hay unos cuantos albinos. No vimos canguros por la zona. La jefa del supermercado del pueblo, de aspecto inocente, se bajó a la mañana de su "cochecito"... entonces empezamos a sospechar. ¡Macarra, más que macarra! ¡Seguro que se los ha cargado ella!



Parecía un camión...



pero era un cutre-coche-pickup... ¡bien armado!

Tras una tarde en Adelaide, enfilamos hacia el norte rumbo al centro, durante unos kilómetros, sin apartarnos de la costa.

Los últimos bañitos fueron en Port Germein, donde está el que una vez fuera el muelle más largo de todo el hemisferio sur (data de 1880). Es de madera, y actualmente tiene 1532 m, ya que perdió más de 100 m durante alguna tormenta.



En marea baja no se ve ni la orilla.



Descansando en los restos de muelle perdidos durante la tormenta.



Empezaron a aparecer signos del rojo centro.

En Port Augusta, en la cabecera del Golfo Spencer, llenamos el depósito de gasolina y nos aprovisionamos de comida y agua.



Salina de Port Augusta.

Salimos de Port Augusta, sabiendo que en adelante nos esperaban distancias de cientos de kilómetros entre pueblo y pueblo, con una ola de calor con temperaturas de alrededor de 45ºC (a la sombra) y subiendo, sin aire acondicionado en la furgo y recordando la "graciosa" exclamación del barbero que le cortó el pelo a Asier en Port Pirie, cuando vio la furgo tras contarle nuestros planes: Oooooh! It's a rubbish! (¡Es una porquería!). Y cruzó los dedos, en señal de: que no os pase nada...

18 de enero de 2009

Con los pies mojados

Verde Nueva Zelanda... de alguna manera mantiene este precioso color... Miramos el pronóstico del tiempo y anuncian lluvias y más lluvias. Para, cuando nos decidimos a desplazarnos, y cuando miramos a las montañas con deseo... se cubren de nubes... no sea que se nos ocurra subir... No nos ha puesto las cosas fáciles este país... Y cuanto más al sur vamos... más llueve.

Al cruzar a la Isla Sur de Nueva Zelanda nos dirigimos al Parque Nacional Nelson Lakes.





























Anochecer en el Lago Rotoiti (Nelson Lakes N.P.).

Encontramos lagos rodeados de montañas que perdían sus cimas en la niebla... Por lo que decidimos bordear el Lago Rotoiti.















Quietas aguas...















Embarcaderos...















Flores...















Ríos...















Puentes...















Curiosos líquenes en las rocas...















Umbríos bosques...















Caminando hasta el anochecer.

De aquí, fuimos a la costa oeste con la esperanza de ver focas, leones marinos, pingüinos... y playas...















O sooooole mio... (Foca en Cape Foulwind, Westport).















Miramos por todos lados... pero nada de nada...















Pancake rocks (Punakaiki).

Volvimos a adentrarnos en las montañas, en Arthur ´s Pass National Park. Asier se encontraba griposillo, así que se quedó en el hostel y yo subí al Avalanche Peak. Siendo un monte tan popular en la zona... daba miedo... Todos tenemos derecho a disfrutar, pero... Madrugar un poquito y... ¡hermosa soledad! Sólo un trío de Keas, loros alpinos, merodeando por la cima... ¡Y el día más despejado en toda nuestra estancia en Nueva Zelanda!







Vistas del valle de Arthur´s Pass, camino de la cima del Avalanche Peak.




















Sencillas pero bellas (Mt Cook buttercups).















Uno de mis tres compañeros (Kea) en la cima del Avalanche Peak (1833 m).















Inicio de los Southern Alps a mis espaldas.















Bellas vistas de las Devils Punchbowl Falls a la bajada del Avalanche Peak por el Scotts Track.

Al bajar, me encontré al enfermo paseando por el pueblo, así que nos fuimos a ver las cascadas Devils Punchbowl de cerca. ¡Una maravilla!


































Devils Punchbowl Falls.

De vuelta a la costa oeste, seguimos hacia el sur para llegar a los glaciares Franz Josef y Fox Glacier.















Frente del Franz Josef Glacier.















Y aunque los guías vayan en pantalón corto por el glaciar...















Y el hielo sea precioso...




















¡Corta!















Trabajo duro el del hielo en la roca.















Reflejos del glaciar Franz Josef en Peters Pool.















¿Qué es ésto?











































Siempre rodeados de helechos...

Asier seguía enfermo, así que mientras él dormía me fuí al Fox Glacier, donde me encontré con Estelle y Mickael, pareja francesa que conocí en el Avalanche Peak. Estupenda y alegre compañía.















Fox Glacier.















Con Estelle, Mickael y el uruguayo Leandro, en el Lake Matheson.

En el pueblo de Franz Josef pasamos la Noche Vieja... casi como un día más: compré una minicajita de bombones. ¡Toma lujazo!

Una de las noches en Franz Josef, mientras esperábamos a que mejorara la salud de Asier y el tiempo atmosférico, conocí a Roberto y Giovanna, del norte de Italia. ¡Qué agradables horas pasamos hablando! Agradables e interesantes...















Con Roberto y Giovanna.

Unos días de lluvia... Y seguimos más al sur, a Fiordland.















Nos quedó claro que lo que no falta en Nueva Zelanda son ovejas.

Catorce fiordos pretenden llegar al corazón del sur. El único accesible por carretera es el Milford Sound, y visto el tiempo y las crecidas de los ríos, decidimos acercarnos hasta Milford. De camino pudimos disfrutar de ríos, lagos, y flores que tapizaban el fondo del valle.















Entre Te Anau y Milford no falta el color en verano...















Pero seguimos buscando atalayas por encima del valle...

Una vez en Milford, no paraba de llover, así que esperamos pacientemente hasta ver el espectacular Mitre Peak, centinela de Milford Sound.















Milford Sound, a la izquierda el Mitre Peak.















Nuestra paciencia se vio recompensada...















y conseguimos ver la cima del Mitre Peak, cuando la luz empezó a escasear...

Volvimos sobre nuestros pasos para salir de Milford Sound y en Te Anau, pueblecito base de los diferentes grandes recorridos que atraviesan Fiordland, cogimos la Southern Scenic Route.















Southern Scenic Route.















Ostrero en Colac Bay.















En Colac Bay, nadie por aquí...















...nadie por allá. Un buen sitio para dormir.

Alternando suaves bahías con abruptos acantilados, coronados a veces por faros, giramos en dirección norte por la costa este.















Faros, ovejas...















y cabras (Waipapa Point).

Ahora nos sonríe el sol... cuando lo único que podemos hacer es remojar un poco los pies en el mar... porque el agua está que corta... ¡Hasta los lugareños se bañan con neopreno en pleno verano!





























Algunos ni se inmutan, panza arriba, cuando casi los pisamos por confundirse con las rocas circundantes (León marino en Waipapa Point).















Vigilantes (Cormoranes).















Asustadizas (Golondrinas de mar).















Crecen y crecen... como mi flequillo (Algas en Waipapa Point).

¡Y por fin conseguimos ver pingüinos, en el bosque petrificado de Curio Bay! Tan graciosos los "kuikuiños", como decía mi hermano, de pequeño, como curiosos los troncos y tocones petrificados.















Orondo...















...cabizbajo (Pingüino de ojos amarillos en Curio Bay).





























En el bosque petrificado (Curio Bay).















Playa a medida (Cannibal Bay).















"I bring my mind to the ocean's edge to let it drink, let it think..." Lynley Dear.















Anochecer en Nugget Point.















Intentando ver más pingüinos... (Nugget Point).















Molyneux Bay... otro buen sitio para dormir.















Taieri Mouth... profundo azul, blanco cegador.





























Península de Otago en Dunedin (Edimburgo en gaélico) desde el Mt Cargill.

Siguiendo hacia el norte por la costa llegamos a los Boulders de Moeraki, extrañas bolas de roca que han quedado en la orilla. Sorteando a los turistas, pudimos pasar un buen rato...















Varadas.


















































































































Cada uno pasa el rato como quiere...















Jugando, jugando... pasa lo que pasa...

Fuimos a dormir a All Day Bay, cerca de Oamaru, pueblo donde dejaríamos la costa para adentrarnos en Aoraki / Mt Cook National Park. En esta bahía, pudimos disfrutar de un anochecer impresionante hacia la playa y hacia la laguna que está tras la playa. Y no siendo poco, cuando nos pusimos a cocinar vino una estupenda mujer mayor con un gran vaso lleno de cerezas para nosotros. Sin esperar nada a cambio... ni pizca de curiosidad... Nos las trajo y se fue a la autocaravana donde estaba con su pareja.















Hacia la laguna...















hacia el mar...















y hacia el cielo.















Buscando "tesoritos" en la playa de All Day Bay.















Ahora sí me creo el cartelito (Oamaru).















Un poco lejos de casa...















"Agro art".

Cuando llegamos a Aoraki / Mt Cook National Park, más de lo mismo, lluvia, cimas nubladas, viento MUY fuerte y malas previsiones. Estuvimos horas intentando ver la cima del Mt Cook, el monte más alto de Nueva Zelanda (3754 m).















Glaciares colgados.





























Ríos y puentes.















Txapela buruan ta ibili munduan! (Con las guipuzcoanas Ana e Izaskun). ¡Alegría para dar y regalar!















Glaciar Hooker y lago del mismo nombre con pedazos de hielo desprendidos del glaciar.















El viento castigándonos...















y la cima del Mt Cook ni aparecer.















El mítico Edmund Hillary (el "primero" que subió y bajo con vida del Everest).

De Aoraki / Mt Cook N.P. fuimos a Christchurch a devolver la microcampervan, y de paso, a conocer esta ciudad de aire inglés.




















Catedral de Christchurch.




















En el Canterbury Museum (Christchurch).





























En la Art Gallery (Christchurch).















El recorrido del tranvía... a pie.















Buenos momentos con Oscar de Pamplona e Ia de Lleida.

Marchamos de Nueva Zelanda con pena... Es un país que invita a caminar, a mirar... pero casi nunca demasiado alto, ji, ji... porque no se ve nada... Además llueve mucho, ¡y me río yo del calor veraniego!... Pero es hermoso... ¡se parece tanto a Euskal Herria!

Ya llevamos una semana en Sydney, preparando nuevos movimientos... Y aquí sí que hace calorcito...

En Nueva Zelanda, de bañarse, nada de nada... pero en Australia ya llevamos un par de baños... Al sur de Australia, la temperatura del agua es como en casa en verano, nada de 30 ºC como en Fiji... pero se está muy bien, porque fuera hace calor y vientecillo, que atenúa la sensación de calor...

¡Siento deciros todo ésto, sabiendo el invierno que está haciendo por allá! Pero nosotros quizá no esquiemos este año... si os sirve de consuelo...

La intención en Australia es costa, monte y desierto. Furgo y tren. Calor, extremo calor y lluvia, aunque esto último no se escoge...

Sabréis de nosotros, si conseguimos cruzar Australia sin "torrarnos" demasiado.

Besos y abrazos... ¡y hasta pronto!

31 de diciembre de 2008

En el país de los kiwis

Los comemos casi cada día (frutos), los buscamos pero no aparecen ni en pintura (aves) y convivimos con ellos (neozelandeses)... Kiwis... todos ellos.

Estamos en la Isla Sur de Nueva Zelanda. Y hacia el sur seguimos...

Al salir de Auckland (en la Isla Norte), dejamos atrás los villancicos...















Merry Christmas con sabor maorí.

...los barcos...















Para otra aventura...

...y la Sky Tower.




















Sky Tower desde Albert Park.

Y de camino al Parque Nacional de Tongariro, paramos en Rotorua, una de las zonas de mayor actividad geotermal del mundo.















Aguas termales.















En alegre compañía.




















Talla maorí.















Atardecer en el Lake Rotorua.











































''Champagne pool'' en Waiotapu.















Caminando por Waiotapu.















Llaman la atención las formas...















y los colores (depósitos de azufre).















Piscinas de barro que eruptan.

En el Parque Nacional de Tongariro hicimos un recorrido de tres días, al norte del Mt Ruapehu, el pico más alto de la Isla Norte.















Vigilando nuestros pasos, el Mt Ruapehu (2797 m)...















el Mt Ngauruhoe (2287 m)...















y el Mt Tongariro (1967 m).

Todos ellos volcanes ''dormidos''.















Paisaje lunar...
















...viento y frío.





























Emerald Lakes (P. N. de Tongariro).















Blue Lake (P. N. de Tongariro).















Al fondo Mt Ruapehu, en el centro Mt Ngauruhoe y delante Red Crater y cordal hacia el Mt Tongariro.





























Escasa vegetación cubre el terreno.















No es un kiwi... ¡es Asier!





























Old Waihohonu Hut (refugio de montaña). El más antiguo de NZ, construído en 1904.

Sin escuchar villancicos durante días, de vuelta a la civilización, en una gasolinera, nos sorprendió una amable mujer con una amplia sonrisa, un merry christmas...















y un par de bastoncitos de caramelo.

Después emprendimos camino hacia Egmont National Park por la ''Forgotten World Highway''. ¡Nos llevó todo el día atravesar este pedacito de mundo olvidado!











































Ya en el Egmont N. P.... cada noche teníamos visita de uno de los quebraderos de cabeza de los kiwis: el Possum. Este animal fue introducido para el comercio de pieles y ahora campa a sus anchas, comiéndose los huevos de especies nativas de aves en peligro de extinción, y grandes cantidades diarias de vegetación, que supera en muchos casos, la tasa de regeneración.















Possum queriendo compartir la cena con nosotros.















Mt Taranaki o Mt Egmont (2518 m).




















Ascensión al Mt Taranaki.

Este volcán tiene una simetría casi perfecta. Se trata de un cono, cuya falda está tejida por círculos concéntricos de bosque cerrado, en primera instancia, y fértiles tierras de labranza, después, que llegan hasta el mar por su flanco NW-SW, pues se encuentra en una especie de saliente hacia el mar.















La parte final está bastante descompuesta y se hace difícil la progresión.















Nieve, roca, bosque, cultivos, mar...















El cráter cubierto de nieve.





























Hermosas vistas.















Descenso hacia el bosque.




















Una de las infinitas especies de helecho.















Anochecer sobre el Mt Taranaki.

Al día siguiente de la ascensión, hicimos un recorrido precioso por la zona norte del Taranaki, atravesando bosques y accediendo a atalayas con privilegiadas vistas del volcán y zonas circundantes.











































Reflejo del Mt Taranaki en los laguitos de Pouakai.







Desafiante.















Bosque a los pies del Mt Taranaki.















Infinitos ríos que cruzar...

Con la intención de dejar la Isla Norte, bajamos hacia Wellington, capital de Nueva Zelanda, para coger el ferry que nos ha traído, a través del estrecho de Cook, hasta la Isla Sur.















Esperando para entrar en el ferry...















Tres pisos llenos de coches.. y tres horas de viaje.















Alejándonos más aún de casa, pero sin olvidar...

Ya llevamos unos días en la Isla Sur... ese será otro capítulo...

Aguuuuur! ¡Ah! Urte Berri On (Feliz Año Nuevo) y esas cosas... y muchísimas gracias por los comentarios desde Mutriku, Trapagaran, Getxo, Catalunya, Bilbo, Onda (Castellón), Gasteiz, Durana, Cantabria, Dublín y demás... Eskerrik asko también por los mails... y por pensar en nosotros de vez en cuando! Mila esker denoi (gracias a todos)!!

14 de diciembre de 2008

Desde el Pacífico sur

Seguimos en el Pacífico, y ahora más al sur que nunca. De isla en isla y tiramos porque nos toca… O´ahu, Kaua´i y Hawai´i (Big Island) en el estado de Hawai´i (USA), Viti Levu (Mainland), Nanuya Lailai, Waya y Waya Lailai en Fiji y ahora North Island en Nueva Zelanda.

La mayor parte del tiempo hemos estado acampados, sin cobertura de ningún tipo (móvil ni internet). Y una de nuestras preocupaciones principales, cubiertas las básicas, ha sido cómo cargar las baterías de las cámaras de fotos. Así que ahora, cuando entro a algún sitio, aunque sea un baño, lo primero que hago es buscar un enchufe.















Hostel en Lihue (Kaua´i), abierto a los cuatro vientos.

Las últimas fotos fueron de O´ahu en Hawai´i y os contaba que Kaua´i nos recibió lloviendo, ¡y de qué manera! Vamos, que no paró en dos días, y no era sirimiri precisamente. Cuando al fin paró, pudimos disfrutar de la verde y agreste Kaua´i. Acantilados, cascadas, bosques tropicales de montaña, playas… fauna y flora.















¡Pedazo derrape!

El paisaje no nos ha defraudado ni un poquito, pero durmiendo en zonas de acampada de parques regionales, estatales y nacionales hemos podido ver otra de las caras de este estado: el elevado número de gente que vive en la calle.

Algunas son familias enteras que por la creciente carestía de las tierras, provocada por el turismo, no tienen acceso ni a un pedacito donde asentarse. Sobre todo, teniendo en cuenta que en estas islas la mayoría son casas y no pisos. Pero la mayor parte de la gente que vive en la calle son antiguos hippies, muchos, de USA continental, aunque los hay de cualquier lugar del mundo, que en sus años mozos se quedaron por estas tierras, atraídos por sus bondades. Hoy en día, habitan errantes por las zonas de acampada, las ciudades… con problemas de alcoholismo, drogadicción… ha sido el lugar con mayor número de ‘’iluminados’’ por metro cuadrado que he visto hasta ahora. El problema principal en este caso no es la pobreza, sino la ‘’flojera’’, como lo llaman el resto de lugareños. Son ‘’flojos’’, dicen. No quieren trabajar, no hacen nada.

Las zonas de acampada están muy bien. La mayor pega es que es obligatorio pedir permiso especificando día y lugar, lo que obliga a organizarse de una manera más rígida.















Que conste que la hamaca no es nuestra...















Waimea Canyon, el ‘’Colorado’’ del Pacífico.















Acantilado sobre el Kalalau Valley, conocido en Kaua´i por su belleza.















Todo lo que no sea camino… ¡olvídate!















Lo que visto desde fuera parece un precioso tapiz verde…















…a ratos se cierra ‘’un poquito’’ a nuestro paso.

Algunos recorridos de costa alternan playa y monte, con alguna que otra sorpresa.




















Me preguntaba si al hacer el cartel para advertir al personal, dejaron un hueco aposta para hacer muesquitas indicando el número de muertos…















Un precioso final de caminata.















Tras una noche pasada por agua.















Compañera de baño en Kee Beach.

Toda la orilla estaba repleta de pequeñas medusitas parecidas a la ‘’Carabela portuguesa’’, pero en miniatura.















Construcción de una casa con ‘’sistema antitsunami’’.















Para todos con cariño.















De repente, parecía que estábamos en China (campos de taro).















‘’Comecocos’’.











Bahía de Hanalei (norte de Kaua´i), fusión de mar y montaña.

Desde Kaua´i volamos a la más joven de las islas hawaiianas: Hawai´i o Big Island (para diferenciarla del resto del estado). Ésta tenía el atractivo añadido de actividad volcánica.




















El tarzán hawaiiano.















Flor de hibisco, utilizada en todo tipo de adornos florales.















Avisados estábamos…















Crater del volcán Kilauea.

El tiempo que estuvimos en el Hawaii Volcanoes National Park, el cráter del Kilauea y todos los trails que bordeaban o pasaban cerca de la mitad sur del mismo, estaban cerrados por la ingente cantidad de dióxido de azufre que emanaba del volcán contínuamente.

El último día cambió el viento y nos tuvimos que ‘’mudar’’ a otra zona de acampada, porque corríamos el riesgo de que nos evacuaran a media noche o de quedarnos ‘’pajarito’’ antes de que lo hicieran (menuda gracia).

Encontramos otras curiosidades por la zona…





























Obvio...















Siempre hay sitio para un poco de color.















Burbujas con ‘’bicho’’.















¿Futura cubierta vegetal?















Colada sobre colada.




















Petroglifo.

No pudimos recorrer el Kilauea, pero sí el Kilauea Iki (pequeño Kilauea).















Lluvia y dióxido de azufre en el cráter del Kilauea Iki.















Pequeño bosque intacto junto al volcán, con curiosos helechos arbóreos.















En primer término, el cráter del Kilauea Iki, después, el siempre humeante Kilauea y al fondo, el gigante Mauna Loa dormido.















Hito marcando el camino sobre un ‘’grumo’’ de lava tipo pahoe hoe.















Lava tipo aa.















Antiguo cráter cubierto por exuberante vegetación que ha librado posteriores coladas.















Sobre la negra lava, de vez en cuando, una gota de color.

Ya fuera del Parque…















El arte de la pesca con red.




















Akaka Falls.















Frondosa vegetación en los alrededores de Akaka Falls.





























Flores sobre tierra y agua.















Por meterme donde no me llaman, jui, jui...















De noche pudimos observar el lugar donde la lava llega al mar.

De vez en cuando había espectaculares explosiones, que no pudimos captar con la cámara.















Último amanecer en Hawai´i.















Microrranita que anda por los árboles dando la tabarra nocturna.

Después de tres semanas por tierras hawaiianas, aterrizamos en Nadi, Fiji, con la intención de estar doce días, pero sin saber muy bien por dónde empezar.

La isla donde aterrizamos, Viti Levu, es lo suficientemente grande como para que los lugareños le llamen mainland (tierra firme) y nada representativa, excepto en su costa sur, Coral Coast, del Fiji con playas de arena blanca, arrecifes, peces de colores… que nos imaginábamos.















Bahía de Nadi.















Sorpresa en el Hostel de Nadi: Garikoitz y Larraitz de Aretxabaleta.

Tras estar un par de días en Nadi examinando el terreno, decidimos coger un barco a las Islas Yasawa. Estuvimos una semana, durmiendo en dos islas distintas, Nanuya Lailai y Waya, aunque hicimos incursiones a otra isla cercana a la que se podía pasar andando en marea baja, Waya Lailai.

La temperatura ha sido una maravilla, calor, siempre calor. Del agua salíamos porque se nos terminaban los corales que investigar, nunca por frío.















Islas Mamanuca, hermanas pequeñas de las Yasawa, más al sur que éstas.















Blue Lagoon, pedacito de mar rodeado por varias islas, entre ellas Nanuya Lailai, donde se grabó la película de El lago azul.















Atardecer en el manglar de Nanuya Lailai.

La primera tarde intentamos dar la vuelta completa a la isla andando, pero topamos con una zona de manglar impracticable. Lo intentamos por el otro flanco, pero nos tuvimos que dar por vencidos.















Atardecer sobre el Blue Lagoon.















Vistas desde el bure (casa típica) donde dormíamos en Nanuya Lailai.















Una de las playas de Nanuya Lailai.















Con Alice y Alberto, de Florencia.

Fuimos a pescar, ¿y a que no adivináis quiénes fueron las únicas que pescaron? Sí, esas dos que tienen pinta de no pescar ni en una pecera.















La mejor frutería del mundo. Cogiendo mangos.















Playa del Blue Lagoon.















Cangrejos ermitaños.















Un poco de ejercicio…















Bure fijiano.















Y como no pudimos dar la vuelta a la isla andando… ¡en kayak!















‘’Lugareño despistao’’.





























El famoso manglar.

En esta isla viven 40 personas, y todos son familia.















Filo con su hijo Bill (el mayor) y primitos.















De camino a Waya.















En el barco… pensando en la vida tan diferente que llevan Filo y su familia.

Waya es más grande y montañosa que Nanuya Lailai. Tiene hermosas playas, atalayas inmejorables, y un brazo de arena, que, como un cordón umbilical, la mantiene unida a su hermana pequeña Waya Lailai.







Waya Lailai desde Waya.















Niños de uno de los pueblecitos de Waya.

En muchas ocasiones, pensaba en coger la cámara de fotos y sacar una foto a alguien o a alguna situación entrañable, pero seguido, pensaba que eso rompería toda la magia, así que dejaba la cámara donde estaba y vivía el momento, que normalmente perdura en la memoria, a pesar de que a menudo, pensamos que como no captemos de alguna manera, foto o vídeo, aquello que percibimos, se olvidará.















Estrella de mar azul.















Con Christian, el alemán, y nuestro nuevo amigo Kutxo (ni idea cómo lo escribirán en fijiano).

Kutxo, curiosamente, nos acompañó cada día, bien lejos de la zona de bures donde dormíamos, en nuestras incursiones por los montes de ambas islas. Uno de los días, pasamos en marea alta, con mochila y calzado de sombrero, y Kutxo detrás. Había tal corriente, que pensaba que se llevaría al pobre perro.















Las aguas, aparte de cálidas, son completamente cristalinas.















Es lo que tiene estar en plena naturaleza.















Trampa que preparó Asier para coger alguno de los ratoncillos que intentaban comerse nuestra comida, y una noche nos la liaron haciendo un agujero en la mochila de Asier del tamaño de un puño.

De día no veíamos muchos animales, pero la primera noche, cuando entramos en el bure, flipamos. Primero, dos cucarachas gigantes. Nos metimos a dormir. Nos despertó el ruido de las ratillas rompiendo el plástico de las bolsas donde teníamos la comida. Voy al baño, y en la taza del inodoro, una pedazo araña, que me hubiera comido entera si me hubiera sentado sin verla. Tiro de la cisterna. Meo y cuando voy a coger papel, una tarántula junto al rollo de papel higiénico. ¿Exagerada? Demasiada ilusión óptica para dos pares de ojos.







Bahía de Yalobi en Waya.















No todo fue caminar y bucear.















Waya desde Waya Lailai.







Kuata e islas sur de las Yasawa desde Waya Lailai.















Caminando por Waya Lailai. Asier minúsculo entre la alta vegetación (va de amarillo y está en el centro de la foto, para los hipermétropes).















Kuata desde Waya Lailai.















Asier con Kutxo, al fondo las islas norte de las Yasawa.















De pesca con Tui.















Último minuto de relax antes de partir hacia Nadi.















Una de las Islas Mamanucas.

A la vuelta a Nadi tuvimos que solucionar algunos temas de logística y hace cinco días llegamos a la Isla Norte de Nueva Zelanda.

Aquí no hace tanto calor, vaya… Y eso que estamos a punto de entrar en verano… Cuando vayamos a la isla sur, y a más altura… ¡Vaya mendizale (montañera) estoy hecha!

Hemos alquilado un… no sabemos muy bien qué es, si coche o qué, equipado para dormir. Aquí le llaman microcampervan. ¡Es una cascarria! Hay que ir mirándole el aceite, el agua... Lo importante es que podemos dormir dentro, así que un lujo.

Después de estar unos días en Auckland, ciudad de más de un millón de habitantes, pero de lo más tranquila... nos encontramos en Rotorua, camino del Parque Nacional de Tongariro, con la intención de hacer un recorrido de cuatro días por allá.

¡Y mañana el cumple de Asier!

Volveremos a dar señales de vida.

Laster arte! Fins aviat! ¡Hasta pronto!